“... La lección
de los Panamá Papers es que, precisamente, este no es el caso: la
corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista
global, es parte de su funcionamiento básico.
La realidad que
surge de los PP es la de la división de clases, tan simple como eso.
Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un mundo
separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el sistema
legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los protegen,
sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente las
leyes para acomodarlos.
Ya hay muchas
reacciones de la derecha liberal a los Panamá Papers que ponen la
culpa en los excesos de nuestro Estado de Bienestar, o lo que queda
de él. Dado que la riqueza está tan fuertemente gravada, no es de
extrañar que los propietarios traten de moverla a lugares con
menores impuestos, ya que en última instancia no hay nada ilegal.
Ridículo como esta excusa es que este argumento tiene algo de
verdad, y trae dos puntos dignos de mención. En primer lugar, la
línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada
vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una cuestión de
interpretación. En segundo lugar, los dueños de la riqueza que se
trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no
son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan
como sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza. En el
capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación
financiera y mantener sano al bebé de la economía real...”
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