domingo, 10 de abril de 2016

La normalización atroz

El gobierno apuesta a la baja (ya lograda) y al freno del salario para ganar competitividad externa; al agro y a las finanzas como los sectores dinámicos de su estrategia que tienen un bajo impacto en la generación de empleo; a la apertura de las importaciones para corregir precios, y al comercio exterior en general. Todo ello con su saga de sustitución negativa de importaciones, achicamiento o cierre de empresas y caída del consumo local. En esa apuesta, el desempleo no solo es una consecuencia inevitable sino que además es un disciplinador de los trabajadores, un freno a la recomposición salarial y un cepo antiinflacionario.
En estos meses se produjeron más de 100.000 cesantías. La mitad corresponden al sector público en todos sus niveles, y la otra mitad al empleo privado, fundamentalmente de la construcción. También se anunciaron más de quince mil suspensiones en la industria.
Se acaba de conocer la última actualización del Índice Construya (que mide las ventas de las empresas líderes del sector) que informa para marzo de este año una caída del 9,6% respecto a marzo de 2015 y del 5,4% respecto a febrero pasado: es la primera vez en muchos años que el índice registra caídas durante cuatro meses consecutivos. La Unión Industrial Argentina señaló que podrían perderse 200.000 empleos en el sector como producto de la suba de tarifas en los servicios. También la Confederación Argentina de la Mediana Empresa se pronuncio en el mismo sentido e informó que, como consecuencia de la debacle del salario, las ventas minoristas cayeron 5,8% en marzo, lo que se agrega a las caídas anteriormente informadas de febrero (4,5%) y de enero (2,3%) de este año. Según la UCA, la tasa de indigencia habría pasado de 5,3% a fines de 2015 a 6,9% en marzo de este año y la pobreza de 29%, a fines de 2015, a 34,5% en marzo de este año, lo cual significa 350.000 personas indigentes más y 1,4 millón más de personas pobres.
En estas señales que se atisban hay algo grande en juego. Sucede con el poder y la política democrática algo similar al desacople entre la economía real y la creciente financiarización, pero al revés. El eje público se desplazó y se asiste una vez más al espectáculo del poder que arrasa la diferencia, lo distinto, lo otro, amparándose en formulas vacías como “ceder la palabra”, y lo hace en nombre de lo que no representa ni podría jamás representar: el interés de las mayorías populares. Hay un desatino cultural en todo esto...”

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