El ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación Daniel
Arroyo está convencido de que la situación social no cambiará para
bien si el Estado no toma un rol activo para disminuir la pobreza y
promover el empleo. Y considera que la ley antidespidos que
auspicia el Frente Renovador, el partido del que forma parte, es una
herramienta indispensable para que el Gobierno comience a transitar
por esa senda.
-¿A
poco más de cinco meses de la asunción de Mauricio Macri, cómo ve
la situación social?
-Objetivamente, en estos cinco meses empeoró. Se dieron tres
situaciones juntas: el aumento de la inflación, que empezó con los
alimentos, siguió con las tarifas y luego con el transporte; el
parate de la construcción, que es determinante porque no sólo se
paró el trabajo formal sino el del peón de albañil, el del que
hace changas; y en tercer lugar hubo un nivel importante de despidos.
Entiendo que hubo cerca de 140.000 despidos entre el sector público
y el privado. Así que ha empeorado una situación que venía
complicada porque hacía cuatro años que el gobierno anterior no
creaba empleo, porque de todas formas teníamos una inflación alta.
Me da la impresión de que a un enfermo que tenía 39 grados de
temperatura se le inyectó un ajuste que le llevó la temperatura a
41 grados.
-Al
no haber índices oficiales de pobreza ni de desocupación, ¿qué
datos toma en cuenta para tener un panorama de la situación social?
-Para medir pobreza en la Argentina, se necesitan 13.000 casos, una
muestra muy grande porque es un país muy largo, con realidades muy
distintas. Eso es lo que hacía el Indec. Lo que quedó como más
razonable es lo que hace el Observatorio de la Deuda Social de la
UCA (Universidad Católica Argentina), que tiene una muestra de 5.700
casos. Esa muestra daba que a fines del año pasado la pobreza era
del 29% y hoy pasó al 34%. Por el lado de la desocupación, el
último dato que teníamos era del 7%. Yo creo hoy que estamos cerca
del 11 o 12%. Y un dato que para mí es el más importante de
todos es que bajó el consumo de leche. Cuando baja eso, hay
pobreza evidente en la Argentina.
-Sin
hacer un análisis puntilloso, se aprecia que la alta inflación
afecta sobre todo a los más pobres pero también a la clase media.
¿Lo percibe así?
-Yo creo que hay cuatro Argentinas. Una Argentina de los pobres que
no tienen lo mínimo y tienen planes sociales que les valen menos por
la inflación. Hay una segunda Argentina vulnerable que son los
gasistas, plomeros, carpinteros, gente que hace changas,
monotributistas a quienes no les llegan ni las paritarias porque no
están sindicalizados. Hay una tercera Argentina de clase media, de
trabajo formal público o privado, y una cuarta Argentina de clase
alta. A todas las impacta fuertemente. A la clase media la impacta
sobre todo en los alimentos, porque perdió referencias y no sabe
cuánto sale cada cosa. Y a las dos Argentinas de abajo se les
complica aún más porque no tienen ingreso mensualizado y porque
además están sobreendeudadas.
-
¿Qué ley antidespidos le gustaría que se apruebe al Frente
Renovador?
-Una ley que tenga dos grandes componentes. Uno es que se frenen
los despidos por 180 días y haya doble indemnización; y un
segundo componente para promocionar tres cosas: a las pymes para que
puedan tener una situación impositiva particular; a los jóvenes,
porque un millón y medio de ellos no estudian ni trabajan, para que
puedan entrar al mundo del trabajo, y a los que tienen planes
sociales para que puedan tomar un trabajo formal y mantenerse en el
plan. Es decir que es una ley que evita los despidos y promociona el
empleo.
-Algunos
sostienen que la sola discusión de esa ley ya provocó despidos.
-Se dan tres fenómenos juntos: los despidos, que son por goteo;
los retiros voluntarios, que es una forma de despido, y ciertas
jubilaciones anticipadas. El que arrancó despidiendo fue el
Estado, en algunos casos con razón por “ñoquis” y en otros
no, y eso se ha ido trasladando al sector privado. Me parece que
se está gobernando con un solo ojo: se ha tenido clara la política
económica para salir del cepo cambiario, para salir del default y
quitar retenciones, pero no se ha sabido qué hacer con el Estado
para parar los despidos y generar cadenas (de producción) como la
construcción, la textil, la turística y la metalmecánica. Para
controlar la inflación hace falta un rol activo del Estado. Me
parece que el Gobierno cree mucho en el mercado y poco en el Estado,
y eso es parte del problema.
-El
Presidente repite que el segundo semestre del año será mejor.
¿Usted que piensa?
-No si seguimos exactamente con estas políticas. La creencia del
Gobierno es que con un ajuste genera buenas expectativas en el
mercado, y que luego vienen las inversiones y esas inversiones
derraman empleo. Eso no es así en la Argentina. No por una
cuestión ideológica, sino por una cuestión de modelo productivo.
Las inversiones, suponiendo que vinieran, van a ser para minería,
para soja, para el sector financiero, pero el trabajo está en otro
lado: en la construcción, el sector textil, el turismo, el
metalmecánico. Sólo lo económico no acomoda lo social. Sí, en
cambio, tiene razonabilidad lo que dice el Gobierno sobre la
infraestructura. Ha habido anuncios de obra pública muy grandes. Si
se concretan, que no es tan fácil, empezaría a cambiar la
situación.
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