Por
Gabriela Cerruti
Mauricio
Macri pasaba su luna de miel en el hotel de Cerdeña al que se
giraron los fondos de la offshore Fleg Trading cuando llamó a la
presidenta CFK.
Mauricio Macri no estaba en calzoncillos. Estaba en bermudas.
Se lo aclaró, por las dudas, a la Presidenta cuando la llamó para
felicitarla por su triunfo en las elecciones internas abiertas aquel
agosto del 2011.
Lo que no le dijo entonces es que estaba en Cerdeña, en el hotel
mansión del amigo y socio de la familia Giorgio Noccella. El mismo
al que un tiempo antes, su sociedad offshore Fleg Trading, le había
girado casi nueve millones de dólares a su cuenta en Suiza en un
pasamanos entre Argentina y Brasil para evadir impuestos en ambos
países.
Macri había llevado a Juliana Awada, su flamante esposa, a pasar el
Ferragosto en Cerdeña, el reino de los Noccella. Casi una ceremonia
de iniciación para pertenecer a la Famiglia...
Allí llegó Giorgio Noccella, nacido en Roma pero de madre hawaiana,
a finales de la década del sesenta. Abrió los primeros caminos
entre los acantilados y construyó una mansión en la que se reunió
durante décadas el jet set italiano. Ese jet set peculiar en el
que hombres de negocios poco claros toman champagne hasta la
madrugada con estrellas del cine y poderosos de la iglesia...
La
camorra calabresa, en la que los Macri son un apellido conocido,
solía cenar con cardenales....
La mansión se levanta sobre un acantilado y tiene tres estatuas de
madera en la entrada: Franco y Antonio Macri y Giorgio Noccella...
Las
explicaciones de Mauricio Macri achacando a su padre toda la
responsabilidad en el manejo de las sociedades offshore parecen
difíciles de sostener en la justicia.
En los años 90, cuando se preparaba para ser el heredero y quien
manejara toda la fortuna familiar, estuvo al frente de las
principales compañías de la empresa: Sideco y Sevel, las dos
principales empresas controladas por SOCMA.
Desde el año 2007 Mauricio Macri y sus hermanos son los dueños
de las acciones de la empresa. “Mauricio me quitó la empresa”,
dirá su padre. “Papá ya está viejo y no puede manejar nada”,
dirá el hijo. La pelea de ese momento cuando los hijos
presentan una declaración de insanía del padre para quedarse con
toda su fortuna parece repetirse ahora cuando el Presidente trata de
endilgar a Franco toda la responsabilidad en el manejo de las
empresas develadas por los Panamá Papers.
“Mauricio siempre fue igual. Vivió de mí toda la vida, pero me
echó la culpa de todo”, se queja amargamente, una vez más, el
padre.
Así terminó este 22 de abril la reunión familiar en la mansión de
la calle Eduardo Costa en que se festejó el cumpleaños 86 del
patriarca. Unos días después, tenían que encontrarse en una
mediación judicial. Franco no fue.
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