martes, 17 de mayo de 2016

Dante Palma: “Hay un deslizamiento peligroso hacia la prepotencia del capital privado”

Uno de los errores señalados desde adentro durante los doce años de gobierno del FpV fue la comunicación de las acciones de la gestión. Ahora, desde adentro de Cambiemos dicen que están comunicando mal lo que quieren llevar a cabo. ¿Por qué cree que ocurren estas cuestiones en tiempos de híper información?
–En primer lugar, porque la híper información no supone más ni mejor información. De hecho, diría que su consecuencia es exactamente la contraria y genera eso que Ignacio Ramonet llama “censura democrática”. Esto es que la información relevante acaba siendo ocultada por el exceso de información irrelevante más que por los recortes directos tal como los ejercía la censura clásica. En segundo lugar, decir “falla la comunicación” es una manera subrepticia de decir “estamos haciendo las cosas bien pero no sabemos expresarlo”. Es una excusa perfecta para cualquier gobierno y es casi un clásico contemporáneo. Con todo, y con las disculpas del caso por el exceso de subjetividad, yo no tengo dudas de que el kirchnerismo tuvo enormes déficits comunicacionales. Lo cual, claro está, no significa que todo lo haya hecho bien. Los tuvo hasta el último de sus días en el gobierno y se dio cuenta de ello durante el conflicto con las patronales del campo, donde una medida cuyo espíritu era redistributivo se transformó repentinamente en una “medida expoliadora contra la esencia nacional” gracias a una enorme campaña de intoxicación informativa. En el macrismo no hay mala comunicación: hay medidas impopulares que no hay manera de “comunicar bien”, entendiendo por tal “hacerlas pasar por medidas que beneficien a la ciudadanía”.
Habida cuenta de la estampida mediática; el cierre de diarios, revistas, canales de televisión, radios, y la eliminación de programas a partir del 10 de diciembre de 2015, ¿qué opinión tiene de la elección del empresariado mediático por parte de la administración del FpV durante sus mandatos?
Fue un gran error, pues en el afán de promover espacios que den lugar a nuevas voces se benefició, en algunos casos, a empresarios inescrupulosos. Las consecuencias están a la vista.
¿Cómo catalogaría al periodismo actual en el plano político y en el plano social?
–Si entiendo bien la pregunta, el periodismo tiene en esta actualidad de híper información y prótesis tecnológicas que nos permiten estar conectados y presuntamente actualizados todo el tiempo, una ubicuidad y una penetración como nunca tuvo en la historia de la humanidad. Esto no implica volver a la vieja teoría de la aguja hipodérmica y afirmar que los medios determinan completamente el accionar de las audiencias pero su influencia es enorme en cuanto a sedimentar un sentido común liberal que, naturalmente, tiene influencia en el campo político. Esto se ve en el modo en que los medios entienden la política: esto es, como un espacio de corrupción. Y en el modo en que los medios dicen reproducir el debate público. Sobre este último punto cabe notar cómo los programas políticos de la actualidad abusan del “panelismo”, del desfile incesante de personajes menores y del griterío constante. No me molestaría que lo hagan asumiendo que es un show. Me molesta que lo hagan diciéndonos que eso es la política.
¿Cuáles son los cambios ocurridos en lo referente a la libertad de prensa en una democracia de corte liberal y cómo pueden remediarse si los considera adversos a la comunicación?
–Me parece que hay un deslizamiento muy peligroso hacia la prepotencia del capital privado. En este sentido, en los últimos años se oyó decir más de una vez que “los medios estatales deben ser plurales pero los medios privados pueden no serlo y hacer lo que quieren porque lo pagan de su bolsillo”. Esa lógica puede funcionar si se pone una ferretería, pero no cuando se trata de comunicación, porque el derecho a la información también es un derecho que tiene la audiencia a recibir información veraz. Sin pretender incidir en los contenidos, hay que entender que, si una empresa quiere comunicar, no puede comunicar cualquier cosa.
¿Cree estar en presencia de un Partido Mediático que juzga, condena y digita la actividad política y la actividad judicial?

–No tengo dudas, aunque yo hablaría de una troika entre corporaciones económicas (algunas de ellas dueñas de medios de comunicación), sectores del poder judicial y el gobierno actual. Allí está el núcleo del poder formal y real de la Argentina.
Ante los cambios operados en la programación de los canales de aire y la casi absoluta condescendencia de las señales de noticias de cable (lo mismo en las radios y en los medios gráficos), ¿qué salida queda para la posibilidad de escuchar, ver o leer otro tipo de información?
–No veo salida fácil porque ni siquiera es fácil informarse a través de la web, ya que el descrédito bien merecido del periodismo profesional dio lugar a comunicadores free lance o portales desde los cuales se lanzan las más infames operaciones de prensa. Lo insólito es que hay gente que se dio cuenta que Clarín miente pero le cree a todo lo que se dice en Facebook.
¿Cree que hubo un cambio de actitud de la sociedad ante el periodismo luego del 10 de diciembre?
–No me parece que haya habido un cambio. En realidad, uno de los grandes legados culturales del kirchnerismo es que una porción importante de la población no podrá consumir nunca más de manera ingenua un medio. Pero hay otra porción importante que cree que los periodistas son los guardianes morales de la república y que un gesto adusto es sinónimo de neutralidad e independencia.
¿Piensa que es posible recuperar la multiplicidad de voces luego de la marcha atrás de la Ley de Medios?
–Me permito ser escéptico. Era difícil garantizar la pluralidad incluso con la ley completamente vigente, imaginemos lo que será ahora cuando estamos viviendo un proceso de reconcentración mediática inédito.

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