El Padre Marcelo Ciaramella es párroco de Santa Rosa de Lima, en
Quilmes Oeste, miembro del grupo de Curas en la Opción por los
Pobres y profesor de la Universidad Arturo Jauretche, de Florencio
Varela. Y un ojo permanentemente atento a la situación social. Por
eso no duda: “Nosotros somos críticos con las políticas
neoliberales que se están aplicando. Cuando se achica el Estado,
cuando se quita la protección social, cuando el Estado se retira de
la contención territorial, cuando suben los precios, baja el empleo
y suben las tarifas, el hilo se corta siempre por lo más delgado y
lo primero que se ve es más cartoneros en la calle, más gente en
Caritas, más changas que se cortan. Eso es lo que estamos viendo
en cada una de nuestras parroquias. Es imposible dar datos que
reporten con precisión la cuantía de estos daños, pero es
innegable que con relación a los años anteriores hay un crecimiento
del deterioro”.
–Decía
que el Estado se retira: ¿eso también lo notan?
–Sí, claro. Los planes se van cortando, en otros quedan los
títulos pero vacíos de recursos a los programas, se retiraron las
unidades móviles de salud, no hay ningún tipo de campaña
relacionada con el dengue, enfermedad que los primeros que lo sufren
son los pobres. Es evidente la deserción del Estado en su rol de
contención.
Por otro lado, yo soy docente en la Universidad de Florencio Varela
que se inauguró hace 5 años y ya tiene 28.000 alumnos. Esos
alumnos son chicos de los barrios de Varela que no podían ir ni a La
Plata ni a Buenos Aires. Cuando se abrió esa universidad, pudieron
acceder a la educación pública y gratuita. Ahora las
universidades están en veremos: no giran los fondos, no convocan
a paritarias. Y lo peor de todo es que cuando se les habla a los
funcionarios de esta realidad, miran para otro lado o contestan como
si estuvieran en Groenlandia y no en la Argentina.
–También
suele escucharse que en un tiempo las cosas van a estar mejor: el
bendito segundo semestre…
–Yo no me creo nada de eso. Pero supongamos por un momento que
fuera cierto. La pregunta entonces es: ¿quién decide cuál es el
sector que tiene que esperar? Por un lado van a buscar el voto del
pueblo, pero por otro deciden unilateralmente que el que tiene que
esperar cinco años para poder trabajar y vivir dignamente es el
pueblo trabajador. Mientras tanto, son liebres para pagar a
los buitres y tortugas para ocuparse de los pobres; rápidos para
dar respuestas a los intereses de las corporaciones y los grupos
financieros y lentísimos para comprender y ocuparse de los problemas
urgentes de los sectores más necesitados.
–¿Y
qué escuchan ustedes de la gente?
–Es difícil hacer un promedio pero lo que charlamos siempre con
otros curas es que la gente se queja de que le cuesta cada vez más
vivir, que nota la pérdida del acceso a determinadas cosas, mucho de
ellas vitales. Quizás no todos hagan una reflexión política
que les permita entender por qué pasa lo que pasa. Pero también
están los que empujados por la situación empiezan a visibilizar
las causas. En La Rioja, por dar un ejemplo, en donde era vital
la presencia de la Secretaría de Agricultura Familiar porque la
gente vive del campo y de los animales y necesita el apoyo del Estado
porque no puede competir en el mercado, el retiro del Estado con el
desmantelamiento de esa secretaría, fue un cachetazo que dejó sin
laburo a mucha gente. Y esa gente se organizó para reclamar. En
ciertos sectores de la clase media baja todavía hay un pequeño
colchón, pero en los sectores más vulnerables no; el que vivía
de la changa y ya no la tiene, no come. Tiene que ir a pedir,
viene a la parroquia. Para esos sectores no hay tiempo.
–¿Esto
no ocurría antes?
–No, en absoluto. Había un Estado presente, que se ocupaba y se
veían las mejoras. Si bien es cierto que había un montón de cosas
por resolver, aspectos difíciles de solucionar y sectores a los que
no se lograba llegar del todo, había contención y disposición a
atender las necesidades. Esto cambió radicalmente. Antes teníamos
un gobierno preocupado y un Estado ocupado por la pobreza. Hoy lo
que tenemos es una política que es una fábrica de pobres. Tenemos
un ministro de Trabajo que dice que no hay crisis del trabajo; uno de
Economía que dice que los despidos son una “sensación térmica”,
y uno de Educación que niega la situación de las universidades. En
fin, discursos mentirosos, medios que apañan y políticas que, como
dije, son una fábrica de pobres.
–El
cambio se nota en el desinterés del gobierno por el Estado, pero
también en las intervenciones concretas…
–Por supuesto. Allí están las políticas con el Plan Conectar
Igualdad. Primero lo desmantelaron, luego, ante la repercusión
mediática, dijeron que continuaba, pero en la realidad está vaciado
de recursos y no funciona, no les llega a los chicos. Otro
ejemplo, en la parroquia del Padre Paco, donde nos reunimos con
Cristina Fernández de Kirchner, había una cooperativa textil que
producía guardapolvos y ropa de trabajo que compraba el ministerio
de Desarrollo Social. Eso se cortó, el ministerio no compró más y
la cooperativa dejó de funcionar. En las escuelas creció la
cantidad de chicos que van a comer y disminuyeron las raciones de
comida. Los comedores parroquiales que tenían capacidad, ahora están
completos. Donde el Estado se retira no queda nada porque estamos
hablando de situaciones extremas.
–¿Qué
opina de la visita de Hebe de Bonafini al Papa Francisco y de las
declaraciones del jefe de Gabinete Marcos Peña?
–El Papa hace bastante tiempo que invitó a Hebe de Bonafini.
Primero Hebe consideró que no era el momento y ahora cree que sí y
está muy bien. Intentar mezclar esto con una actitud en contra del
gobierno es forzar los hechos. En realidad, lo que está detrás
de esto es que el gobierno no quiere lo que Hebe representa, que
es la lucha por los derechos humanos, y a la vez les molesta la
posición del Papa, fundamentalmente expresada en su discurso de
Santa Cruz de la Sierra donde habló de Techo, Tierra y Trabajo.
Lo que pasa es que estamos frente a un gobierno que desconoce la
historia y desconoce las ideologías que construyeron la historia.
Por eso no pueden entender las luchas y los conflictos. Por eso
dicen las cosas que dicen de Hebe, que posiblemente no haya sido la
persona más tolerante de la República, pero es un pilar
indiscutible en la historia tremenda que nos tocó atravesar a los
argentinos. Por eso, Marcos Peña, antes de hablar de Bonafini, como
dijo Eduardo De la Serna, debería cambiarse los pañales.
–Hace
unos días se conmemoró el 42º aniversario del asesinato del Padre
Carlos Mugica…
–Sí, así es. Hicimos una misa en su homenaje en la Parroquia San
Francisco Solano, que es el lugar donde fue asesinado a la salida de
una misa el 11 de mayo de 1.974. Fue muy conmovedor. Además,
tuvimos la alegría de contar con la presencia de Nora Cortiñas. A
mí me tocó dar la misa y elegí hablar de Juan, porque allí Jesús
les dice a los apóstoles “ustedes no son del mundo” y algunos
creen entender en eso que los curas no tenemos que ocuparnos de las
cuestiones mundanas. Es todo lo contario. Lo que allí les dice es
que no son del mundo de la injusticia: “Si Yo no hubiera venido y
no les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen
excusa por su pecado”. Es decir, no se puede ser ajeno a la
injusticia del mundo. Y Carlos dio testimonio de eso en su vida y
con su vida involucrándose en la política en la que se urden las
injusticias y se construye la justicia. Siempre hay que recordarlo y
rendirle homenaje a Mugica y este es un momento muy especial para
hacerlo.
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