–Uno
de los errores señalados desde adentro durante los doce años de
gobierno del FpV fue la comunicación de las acciones de la gestión.
Ahora, desde adentro de Cambiemos dicen que están comunicando mal lo
que quieren llevar a cabo. ¿Por qué cree que ocurren estas
cuestiones en tiempos de híper información?
–Es indudable que en tiempos de hiper información, como señala la
pregunta, la comunicación de los actos de gobierno se transforma en
un instrumento más que sensible para intentar fijar agenda. Me
parece que es imposible parangonar el período de doce años del
kirchnerismo con cinco meses del macrismo. Y digo “macrismo”
porque para mí gobierna el PRO. El tiempo es, obviamente, un primer
factor. Durante el gobierno anterior hubo un parteaguas, que fue el
conflicto con las patronales del campo, y luego la decisión de poner
en discusión el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual. Durante el período de Néstor Kirchner la relación con
los medios dominantes fue tensa pero más tradicional, con Cristina
Fernández de Kirchner se rompió esa relación y los actos de
gobierno se transformaron en un insumo invisibilizado en el mejor de
los casos. Se ensayaron distintas estrategias de comunicación
directa entre la Presidenta y la ciudadanía y se recurrió al apoyo
de nuevos medios para intentar compensar el hostigamiento. No sólo
la realidad argentina sino latinoamericana muestra que no se
obtuvieron los resultados buscados. Los medios son herramientas del
poder establecido y cuando se intenta, aunque moderadamente, cambiar
ciertas reglas, la reacción del statu quo es aniquilar esas
alternativas. En el caso del actual gobierno, la comunicación
pública pretende transformar en virtud las pocas dotes expresivas
del presidente. Habla poco y cuenta con el beneplácito de todo el
establishment. Sólo así se puede concebir que pase casi inadvertido
que la vicepresidenta diga que “es muy difícil controlar” las
drogas químicas porque “las pastillitas son tan chiquitas”
cuando se acababan de morir cinco chicos en una fiesta en un predio
concesionado por el esposo de la vicepresidenta de la Legislatura, o
que el ministro de Energía diga que si la nafta aumenta y no la
pueden pagar, no usarán el auto.
–Habida
cuenta de la estampida mediática; el cierre de diarios, revistas,
canales de televisión, radios, y la eliminación de programas a
partir del 10 de diciembre de 2015, ¿qué opinión tiene de la
elección del empresariado mediático por parte de la administración
del FpV durante sus mandatos?
–Me parece uno de los grandes errores del kirchnerismo. El negocio
de los medios de comunicación está dominado por grandes jugadores
que están dispuestos a todo para no compartir ninguna porción de
mercado. Pasa en todos los rubros pero en los medios se exacerba
porque es poder político en acto. A la luz de la debacle que vivimos
es evidente que en muchos casos se apeló a empresarios que
consideraban que “la patria es el otro (negocio)”. Los
trabajadores de prensa son como siempre las víctimas y las
posibilidades de compensar el discurso cada vez más dominante, una
tarea pendiente.
–¿Cómo
catalogaría al periodismo actual en el plano político y en el plano
social?
–Aunque sea obvio, no es menos cierto que el periodismo, hace rato,
está en crisis. En el plano político es positivo que haya quedado
al descubierto, y eso para mí es un logro del kirchnerismo, desde
dónde habla cada uno. Son innumerables los ejemplos de falsa
objetividad en las pantallas, micrófonos o páginas del
autodenominado periodismo independiente. También siempre consideré
un error la autodefinición de periodismo militante: los
“independientes” usaron todo su poder de fuego para descalificar
a los “militantes” por su parcialidad, arrogándose el
profesionalismo. Son maestros del cinismo. El problema irresuelto, y
no sé si tiene solución, es qué se hace cuando la mentira se
transforma en información.
–¿Cuáles
son los cambios ocurridos en lo referente a la libertad de prensa en
una democracia de corte liberal y cómo pueden remediarse si los
considera adversos a la comunicación?
–La lógica de Cambiemos es malthusiana en todos los terrenos: que
sobrevivan los más aptos. En términos de mercado, quiere decir que
los más poderosos están dispuestos a sostener a los más poderosos.
Si el Estado no asume un rol regulador, de apoyo a los medios más
chicos, es evidente que se escucharán sólo las voces de quienes
consigan financiamiento. Las redes sociales son un terreno fértil
para ensayar nuevas formas de comunicación pero sin olvidar que ahí
también despliegan todo su arsenal los poderosos de siempre
enmascarados en ejércitos de espontáneos cibernautas.
–¿Cree
estar en presencia de un Partido Mediático que juzga, condena y
digita la actividad política y la actividad judicial?
–Me parece que hay una retroalimentación nociva entre medios y
Poder Judicial. No es nuevo que los medios condenen o absuelvan pero
en los últimos años, y mucho más en los últimos meses, se
exacerbó con ribetes grotescos. Pensar que después de ocho años de
la primera denuncia contra un empresario y de más de cuatro de
avanzada instrucción, un fiscal se suba a un helicóptero en el
medio de la estepa patagónica y como ve tierra removida ordene
llevar una excavadora para ver si hay plata enterrada es demasiado.
Más grave aún, que encarcelen a una dirigente social como Milagro
Sala y después vayan cambiando los delitos que le imputan para ver
cómo mantenerla presa. Los medios dominantes eligen el tema, lo
viralizan y machacan por los medios tradicionales, los jueces (muchos
de ellos siempre oficialistas del que esté) se hacen eco de ese
clamor mediático-popular sediento de “justicia” y todos
asistimos al show mientras pasan en segundo, tercero o cuarto plano
los exorbitantes aumentos de alimentos, tarifas y consecuentes
protestas. Igual creo que el nuevo relato tiene un límite que recién
está despuntando.
–Ante
los cambios operados en la programación de los canales de aire y la
casi absoluta condescendencia de las señales de noticias de cable
(lo mismo en las radios y en los medios gráficos), ¿qué salida
queda para la posibilidad de escuchar, ver o leer otro tipo de
información?
–El presente nunca es definitivo. La orfandad de gran parte de la
población, casi la mitad del país que no votó a Cambiemos, creo
que necesariamente va a ir encontrando canales de representación. El
camino es arduo. Antes decía que en las redes sociales se abren
ventanas y habrá que ver en qué medida esa demanda masiva es
analizada como una oportunidad para quienes tienen recursos para
sostener otras ofertas.
–¿Cree
que hubo un cambio de actitud de la sociedad ante el periodismo luego
del 10 de diciembre?
–No me parece que haya habido un cambio de actitud de la sociedad.
Simplemente, quienes ganaron las elecciones decidieron, o hicieron
todo lo posible para, que las voces que más los incomodaban quedaran
fuera de los medios electrónicos de difusión masiva.
–¿Piensa
que es posible recuperar la multiplicidad de voces luego de la marcha
atrás de la Ley de Medios?
–Me parece imprescindible para la democracia rever la atrocidad que
implica la concentración del poder mediático. Quizás, haber
focalizado en el Grupo Clarín la discusión sobre la Ley de
Servicios de Comunicación Audiovisual empobreció la toma de
conciencia sobre lo que realmente está en juego: en una sociedad
democrática es imposible delegar en una megaempresa, cualquiera sea,
el poder de decirnos qué es lo más importante. Fijar agenda es
mucho más que disputar la primera plana, es ir moldeando ese lábil
concepto de opinión pública que, en definitiva, nos condiciona a
todos cuando se plasma en un voto.
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