lunes, 16 de mayo de 2016

Nora Veiras: “Vivimos una retroalimentación nociva entre medios y Poder Judicial”

Uno de los errores señalados desde adentro durante los doce años de gobierno del FpV fue la comunicación de las acciones de la gestión. Ahora, desde adentro de Cambiemos dicen que están comunicando mal lo que quieren llevar a cabo. ¿Por qué cree que ocurren estas cuestiones en tiempos de híper información?
–Es indudable que en tiempos de hiper información, como señala la pregunta, la comunicación de los actos de gobierno se transforma en un instrumento más que sensible para intentar fijar agenda. Me parece que es imposible parangonar el período de doce años del kirchnerismo con cinco meses del macrismo. Y digo “macrismo” porque para mí gobierna el PRO. El tiempo es, obviamente, un primer factor. Durante el gobierno anterior hubo un parteaguas, que fue el conflicto con las patronales del campo, y luego la decisión de poner en discusión el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Durante el período de Néstor Kirchner la relación con los medios dominantes fue tensa pero más tradicional, con Cristina Fernández de Kirchner se rompió esa relación y los actos de gobierno se transformaron en un insumo invisibilizado en el mejor de los casos. Se ensayaron distintas estrategias de comunicación directa entre la Presidenta y la ciudadanía y se recurrió al apoyo de nuevos medios para intentar compensar el hostigamiento. No sólo la realidad argentina sino latinoamericana muestra que no se obtuvieron los resultados buscados. Los medios son herramientas del poder establecido y cuando se intenta, aunque moderadamente, cambiar ciertas reglas, la reacción del statu quo es aniquilar esas alternativas. En el caso del actual gobierno, la comunicación pública pretende transformar en virtud las pocas dotes expresivas del presidente. Habla poco y cuenta con el beneplácito de todo el establishment. Sólo así se puede concebir que pase casi inadvertido que la vicepresidenta diga que “es muy difícil controlar” las drogas químicas porque “las pastillitas son tan chiquitas” cuando se acababan de morir cinco chicos en una fiesta en un predio concesionado por el esposo de la vicepresidenta de la Legislatura, o que el ministro de Energía diga que si la nafta aumenta y no la pueden pagar, no usarán el auto.
Habida cuenta de la estampida mediática; el cierre de diarios, revistas, canales de televisión, radios, y la eliminación de programas a partir del 10 de diciembre de 2015, ¿qué opinión tiene de la elección del empresariado mediático por parte de la administración del FpV durante sus mandatos?
–Me parece uno de los grandes errores del kirchnerismo. El negocio de los medios de comunicación está dominado por grandes jugadores que están dispuestos a todo para no compartir ninguna porción de mercado. Pasa en todos los rubros pero en los medios se exacerba porque es poder político en acto. A la luz de la debacle que vivimos es evidente que en muchos casos se apeló a empresarios que consideraban que “la patria es el otro (negocio)”. Los trabajadores de prensa son como siempre las víctimas y las posibilidades de compensar el discurso cada vez más dominante, una tarea pendiente.
¿Cómo catalogaría al periodismo actual en el plano político y en el plano social?
–Aunque sea obvio, no es menos cierto que el periodismo, hace rato, está en crisis. En el plano político es positivo que haya quedado al descubierto, y eso para mí es un logro del kirchnerismo, desde dónde habla cada uno. Son innumerables los ejemplos de falsa objetividad en las pantallas, micrófonos o páginas del autodenominado periodismo independiente. También siempre consideré un error la autodefinición de periodismo militante: los “independientes” usaron todo su poder de fuego para descalificar a los “militantes” por su parcialidad, arrogándose el profesionalismo. Son maestros del cinismo. El problema irresuelto, y no sé si tiene solución, es qué se hace cuando la mentira se transforma en información.
¿Cuáles son los cambios ocurridos en lo referente a la libertad de prensa en una democracia de corte liberal y cómo pueden remediarse si los considera adversos a la comunicación?
La lógica de Cambiemos es malthusiana en todos los terrenos: que sobrevivan los más aptos. En términos de mercado, quiere decir que los más poderosos están dispuestos a sostener a los más poderosos. Si el Estado no asume un rol regulador, de apoyo a los medios más chicos, es evidente que se escucharán sólo las voces de quienes consigan financiamiento. Las redes sociales son un terreno fértil para ensayar nuevas formas de comunicación pero sin olvidar que ahí también despliegan todo su arsenal los poderosos de siempre enmascarados en ejércitos de espontáneos cibernautas.
¿Cree estar en presencia de un Partido Mediático que juzga, condena y digita la actividad política y la actividad judicial?
–Me parece que hay una retroalimentación nociva entre medios y Poder Judicial. No es nuevo que los medios condenen o absuelvan pero en los últimos años, y mucho más en los últimos meses, se exacerbó con ribetes grotescos. Pensar que después de ocho años de la primera denuncia contra un empresario y de más de cuatro de avanzada instrucción, un fiscal se suba a un helicóptero en el medio de la estepa patagónica y como ve tierra removida ordene llevar una excavadora para ver si hay plata enterrada es demasiado. Más grave aún, que encarcelen a una dirigente social como Milagro Sala y después vayan cambiando los delitos que le imputan para ver cómo mantenerla presa. Los medios dominantes eligen el tema, lo viralizan y machacan por los medios tradicionales, los jueces (muchos de ellos siempre oficialistas del que esté) se hacen eco de ese clamor mediático-popular sediento de “justicia” y todos asistimos al show mientras pasan en segundo, tercero o cuarto plano los exorbitantes aumentos de alimentos, tarifas y consecuentes protestas. Igual creo que el nuevo relato tiene un límite que recién está despuntando.
Ante los cambios operados en la programación de los canales de aire y la casi absoluta condescendencia de las señales de noticias de cable (lo mismo en las radios y en los medios gráficos), ¿qué salida queda para la posibilidad de escuchar, ver o leer otro tipo de información?
–El presente nunca es definitivo. La orfandad de gran parte de la población, casi la mitad del país que no votó a Cambiemos, creo que necesariamente va a ir encontrando canales de representación. El camino es arduo. Antes decía que en las redes sociales se abren ventanas y habrá que ver en qué medida esa demanda masiva es analizada como una oportunidad para quienes tienen recursos para sostener otras ofertas.
¿Cree que hubo un cambio de actitud de la sociedad ante el periodismo luego del 10 de diciembre?
–No me parece que haya habido un cambio de actitud de la sociedad. Simplemente, quienes ganaron las elecciones decidieron, o hicieron todo lo posible para, que las voces que más los incomodaban quedaran fuera de los medios electrónicos de difusión masiva.
¿Piensa que es posible recuperar la multiplicidad de voces luego de la marcha atrás de la Ley de Medios?
–Me parece imprescindible para la democracia rever la atrocidad que implica la concentración del poder mediático. Quizás, haber focalizado en el Grupo Clarín la discusión sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual empobreció la toma de conciencia sobre lo que realmente está en juego: en una sociedad democrática es imposible delegar en una megaempresa, cualquiera sea, el poder de decirnos qué es lo más importante. Fijar agenda es mucho más que disputar la primera plana, es ir moldeando ese lábil concepto de opinión pública que, en definitiva, nos condiciona a todos cuando se plasma en un voto.

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