jueves, 5 de mayo de 2016

Despedidos: la procesión que va por dentro

Cuando crucé las rejas de la Casa Rosada el viernes 27 de noviembre de 2015, en mi último día de trabajo, nunca pensé que después de cinco meses seguiría sin encontrar otro. No lo pensé tampoco en diciembre y enero. “Optimista”, “Sos positivo”, “Le ponés onda”, “Tenés que armar algo propio”, me decían los amigos, la familia. Pero, en rigor, de verdad no lo pensé porque con 32 años, doce de trabajo profesional en comunicación gráfica y audiovisual y cientos de contactos y amigos del medio y la vida misma, supuse, “algo va a salir”. Supuse mal. No pensé, claro, que llegaría hasta hoy, 3 de mayo, en la misma situación que ese viernes de noviembre, cuando le pedí al policía federal que custodiaba el acceso por Balcarce 24 que me sacara la foto que nunca me había sacado en la puerta de Casa de Gobierno.
Después de seis entrevistas y catorce meses de proceso hasta que se hizo efectivo el puesto, trabajé un año exacto como redactor para la Secretaría de Comunicación Pública de Casa de Gobierno, donde –junto a dos compañeros– hacíamos notas para comunicar a la sociedad las políticas del Gobierno nacional en una multiplicidad de temas: los calendarios de vacunación, distintos programas nacionales como el Ahora12, informaciones de servicios a los jubilados, campañas de prevención, avances científicos, industriales, educativos, y diversos anuncios de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, entre tantos otros temas que se publicaban en papel en distintos suplementos semanales de circulación nacional, provincial y regional; además de cuatro inserts mensuales para revistas de circulación nacional y regional.
Luego de esa noche, inicié búsquedas en persona, convocatorias en Internet, llamados varios, recorridos y cientos de horas quemándome la cabeza, y nada. El panorama no era ni es alentador. Mi realidad es la de muchos. Somos miles los que estamos sin trabajo, ni hablar de un empleo fijo como aquel; y, por propiedad transitiva, unos cientos de miles afectados en la familia, parejas, hijos y familiares varios, que la sufren igual o más que nosotros.
La situación de desempleo repercute siempre negativamente en la vida”, afirma la psicóloga Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), al tiempo que sostiene que “el trabajo es una estructura de sostén en el mundo de los adultos, no sólo en lo económico y emocional, sino también en el reconocimiento social”. Y agrega: “Sentirse descartado, no saber en qué ocupar el tiempo y no sentirse útil, sumado al empobrecimiento, produce situaciones de ansiedad, tensión, insomnio, preocupación, obsesión, mal carácter y contamina a la familia, que debería acompañar y unirse y no es lo que siempre sucede”.
A casi cinco meses de la nueva gestión de macri, son 140 mil los despedidos –a razón de mil por día– sumando públicos y privados. Muchos dirigentes y gremialistas incluso aseguran que por cada despedido en el sistema formal, hay tres en el circuito informal, sumando así en los últimos meses casi medio millón de personas, que se suman al desempleo de 5,9 del último trimestre de 2015. Hoy, hay pronósticos de alcanzar las dos cifras.
Entretanto, los despidos no ocurren en una burbuja, sino en un contexto de aumento del 100% en las tarifas del trasporte, más los incrementos del servicio eléctrico; en un combo donde el aumento no sólo constituye “el valor de una pizza” –como dijo el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Prat-Gay–, sino una retracción en el consumo que ya es una realidad que nadie puede ocultar desde enero.
Los aumentos lucrativos que afectan a los más vulnerables de la cadena generan una espiral en donde hay menos ventas, lo que se traduce en menos producción y menos empleo. Y, como bien dijo días atrás el abogado laboralista y presidente del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria, Héctor Recalde, “La realidad social está imponiendo la agenda y puso como principal reclamo los despidos en lugar del impuesto a las ganancias”.
Fuera del aire en CN23
El sector privado también registró un gran número de despidos, con una mayor pérdida de puestos de trabajo en los rubros textil, calzado, cuero, construcción y autopartistas. Pero otro de los rubros muy damnificados fueron los medios de comunicación privados. Hace seis años, Irina Sternik empezó a trabajar en el canal de televisión CN23, desde el comienzo. Hacía la columna de tecnología de los noticieros a la mañana y tenía el sueldo básico de la producción del convenio del Sindicato Argentino de Televisión (SATSAID). Además, tenía su propio programa de tecnología junto a otros productores del canal. “A nadie le importa el canal, pero los trabajadores lo tomábamos en serio. El tema fue que no nos tomaron en serio a nosotros”, dice Irina, a la vez que asegura: “Éramos periodistas comprometidos con la sociedad”.
A dos meses de aquel 29 de febrero en el que encontró su nombre en las listas negras con la nomina de los 118 telegramas de despidos, y en medio de un contexto en el que seguirían en la dirección del canal los mismos empleadores que les habían mentido y echado mientras pedía la reincorporación de todos, “nos dimos cuenta de que no era lo mismo. Fue una especie de traición, porque el canal lo empezamos nosotros a pulmón, desde el día uno. Y 102 personas agarramos el ‘retiro voluntario’; se puede decir que nos despidieron bajo esa modalidad”. El acuerdo entre Grupo Indalo y SATSAID se cerró tras la conciliación obligatoria que había dictado el Ministerio de Trabajo, y les permitirá tirar unos meses –no mucho– hasta encontrar algo nuevo.
No lo vimos venir porque no éramos ñoquis sino trabajadores, teníamos sueldos súper bajos, no había sueldos astronómicos salvo los directivos”, sostiene Irina, y asegura que “es muy triste porque sabemos el panorama en los medios de comunicación, que en todos los canales están echando gente, tratando de entender que es una especie de adoctrinamiento del sector y sabiendo también que es muy difícil ir a buscar trabajo donde están echando compañeros”.
Ahora, para subsistir, se armó la página ladob.net, donde, después de unas vacaciones para bajar la locura de estos meses, piensa hacer lo mismo que hacía en el canal con notas de gráfica y video. “Y buscar otra cosa, pero sé como todos que voy a tener que tener paciencia, porque no hay trabajo”...

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