El
gabinete de Mauricio Macri se debate en un dilema: ¿por qué hay
inflación? O más específicamente, si la salida del cepo y la
consecuente, y necesaria, devaluación es o no culpable, aunque sólo
sea en parte, del alza de los precios de más del 25% que se vivirá
en el primer semestre del año. La
respuesta forma parte de una de las internas económicas más duras
desde que Cambiemos llegó al Gobierno, donde intervinieron
tanto funcionarios del gabinete económico como del político, al
punto de generar los primeros roces serios que llegaron hasta el
Presidente y en los que el jefe de Estado tuvo que mediar. Macri
lo hizo ayer, y hacia delante, las explicaciones de la inflación
serán, indefectiblemente, las consecuencias de la "herencia
recibida" y la falta de racionalidad en las políticas de
subsidios, cambiaria y fiscal. Hasta nuevo aviso, nadie podrá
decir que alguna tarifa o precio sube por la salida del cepo y el
alza del dólar de $ 9,4 a los $ 14,51 del cierre de ayer.
Esta
visión fue la que desde siempre se defendió tanto desde el búnker
de Alfonso Prat Gay como de Federico Sturzenegger y Carlos Melconian.
Desde el Ministerio de Hacienda y Finanzas, el Banco Central de la
República Argentina (BCRA) y el Banco Nación, tanto sus titulares
como los equipos que lo acompañan, los precios anteriores a la
asunción de Macri de diciembre estaban ya en su totalidad
contabilizados a 14 o 15 pesos por la economía argentina...
En
la otra esquina se encontraba gran parte del gabinete económico,
incluyendo al secretario de Coordinación Interministerial Mario
Quintana, el jefe de asesores del Presidente, José María Torello, y
el grupo de CEO que desembarcó en el gabinete, en especial Juan José
Aranguren, entre otros. Todos, quizá por su experiencia directa
en el mundo de la economía real, aseguraban que la salida del
cepo inevitablemente derivaría en un aumento en los precios; y que
se daría además luego de tomada la decisión de finalizar el cepo
de manera inmediata, una presión doble sobre la inflación. Por un
lado los efectos de una devaluación que prometía ya ser de no menos
del 40%. Por el otro este grupo hablaba de las presiones que los
productores venían sufriendo en los últimos tiempos por parte de
Augusto Costa en la Secretaría de Comercio Interior para que no
exista un solo incremento de valores en los tiempos de campaña.
La
orden igualmente fue que nadie polemizara públicamente y que en
ningún caso se relacionara el aumento de ningún precio con la
salida del cepo. El que rompió el molde fue Aranguren al explicar el
porqué del último incremento de las naftas en un 10%. "Esto
es para ir reflejando en forma gradual el impacto que tuvo en el
petróleo la corrección cambiaria que se dio a partir de la salida
del cepo: antes el dólar estaba a $ 9,68 y en lo que va del año
tiene un promedio de $ 14,50", dijo el ministro de Energía,
desatando la ira del ala económica del Gobierno.
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